( Este artículo es una traducción al español del original escrito en inglés por Kyell Gold, publicado en marzo de 2016 en la revista Uncanny Magazine, disponible aquí (enlace⇒). La traducción se publica en FurryFandom.Es con el permiso del autor y editores, sin ánimo de lucro, y sin extender permiso a otros sitios web ni con otros propósitos. )
 

Hace algunos años, un hombre de mediana edad al que llamaré Gary, se acercó al stand de Sofawolf Press [editorial de libros furries], y preguntó “Y bien, ¿de qué va todo esto?”. Todos los que trabajábamos en el stand estábamos acostumbrados a ser embajadores de facto del fandom furry en estas convenciones no furries, así que le hablé sobre nuestros cómics y libros y un poco sobre el fandom. Interrumpió para preguntarme si me acordaba de un cómic que se llamaba ‘Hepcats’, publicado con más de una década de anterioridad. “Eran personas, pero eran animales”, dijo con entusiasmo.

Así es, recordaba ‘Hepcats’, y Gary y yo hablamos durante una hora sobre los libros y el fandom. Parecía interesado, pero cuando dimos la conversación por terminada, dijo, “Bueno, gracias por hablar conmigo tanto tiempo”, y se marchó sin comprar nada.

Sentí algo de decepción, como de costumbre cuando alguien parece interesado pero no compra tus libros; aunque igualmente aprecié esa hora de charla y su interés por descubrir cosas sobre el fandom furry. La comunidad de gente que son fans de la antropomorfia animal (‘furries’ puede referirse a los fans o a los personajes) a menudo se encuentran con que el fandom es difícil de explicar, pero no rechazamos la oportunidad de hacerlo. No somos fans de una película en particular, ni programa de televisión, libro, o videojuego, aunque es posible que hayamos entrado en el fandom a través de los Looney Tunes, El Rey León, Star Fox, Redwall, o Pokémon. Somos fans de una estética, de un estilo, de una forma de ver a la gente y de contar historias.

También nos gusta imaginarnos a nosotros mismos dentro de esa estética. Casi todos tenemos un avatar animal (natural, mitológico, o un híbrido), y un apodo o nombre específico en la comunidad. Si vas a cualquier convención, verás que la mayoría de asistentes se pasean con una insignia o dibujo (‘badge’) que detalla su especie y su nombre. Algunos tienen sólo una, otros tienen varias. Se podría interpretar el fandom furry como un universo compartido, masivamente multijugador, en el que todos los jugadores contribuyen contínuamente a la creación de ese universo.

He escrito antes sobre cómo la adopción de un personaje fantástico ayuda a la gente a explorar aspectos de sí mismos que quizá es difícil explorar en otros contextos (en el cómic adulto ‘Oh Joy Sex Toy’, de Erika Moen) (enlace⇒). Crearse un avatar, algo que seas ‘tú’ pero a la vez no tú, permite incluir aspectos que valoras o a los que aspiras, o que quizá estés probando. Hay una gran variedad de animales, reales y mitológicos, con asociaciones culturales que permiten a la gente saber cuál es la personalidad de tu personaje. Los zorros son listos, los tigres son fuertes y solitarios, los coyotes son pícaros, etc. Y también puedes expresar distintos aspectos de ti mismo: quizá eres un lobo porque disfrutas de estar en familia y con tus semejantes, pero tienes un leopardo de las nieves para cuando quieres estar solo.

En las convenciones, estos personajes afloran y llenan este universo compartido en el verdadero sentido de la palabra. Aproximadamente una cuarta parte del fandom posee un disfraz furry (lo que se llama un ‘fursuit’ en el vocabulario del fandom), apoyando a una pequeña industria de creadores de fursuits que los personalizan según las especificaciones del comprador. Y la gente habita esos fursuits por varias razones. Tengo varios amigos que actúan disfrazados frecuentemente fuera de convenciones, y les encanta dar vida a sus personajes en eventos, hacer que la gente interaccione con ellos metidos en el personaje. Como actores metiéndose en varios papeles, su pasión radica en hacer creer a los demás en sus lindos y peludos personajes. Tengo un buen amigo que siempre era vergonzoso con la gente, pero que creó un personaje seguro de sí mismo, y mediante esta interacción en fursuit ha conseguido ganar más confianza en sus habilidades sociales. Tengo algunos amigos que nunca bailarían en público, pero que poniéndose un fursuit se desinhiben, y no son en absoluto malos bailarines.

Y hay muchas otras cosas que se pueden hacer en fursuit en las convenciones: hay un desfile, y normalmente una sesión de fotos (con cierta rivalidad amistosa entre convenciones por conseguir el máximo número posible de fursuiters en una sola foto); hay espectáculos de variedades y concursos de baile; la discoteca nocturna siempre acepta a fursuiters; y casi siempre hay gente en fursuit deambulando en cada una de las áreas de la convención. Desde algo tan simple como saludar a la gente en el vestíbulo, a ejecutar complicados bailes (y esto es un ejemplo increíble (enlace⇒); tan sólo descubrí los concursos de baile hace unos años, un ejemplo más de cómo el fandom no deja de sorprenderme y deleitarme), encontrarás a gente que se ha pasado años perfeccionando el arte del performance.

Para mí, una de las cosas más divertidas de las convenciones furries, es la exuberancia y la amplitud de miras en todos lados. Los asistentes a convenciones de ciencia ficción estarán familiarizados con la sensación de ser uno mismo en las convenciones, de maneras en las que no se puede en otros lugares. He traído a algunas personas a convenciones furries, y siempre comentan cómo todo el mundo es muy amistoso y abierto. Para un momento a cualquier persona con o sin fursuit, y pregúntales sobre el fandom o sobre su personaje o su badge, y te contarán su historia. Diles que es tu primera convención furry, y te explicarán más, y se ofrecerán a guiarte y a contestar más preguntas que puedas tener. Es como ser turista en una ciudad en la que todos los habitantes están orgullosos y ansiosos de que tengas una buena experiencia.

El año pasado (en 2015), un recién llegado escribió sobre su experiencia visitando una convención furry con la que tenía intención de reírse del tema, y de la que salió habiendo disfrutado (enlace⇒). Esto es algo que se repite una y otra vez en blogs de gente no furry que visita convenciones furries. Es algo que ha sido cierto sobre el fandom a lo largo de los 25 años en los que he formado parte de él, y es una de mis cosas favoritas sobre esta comunidad.

Otra cosa divertida es la creatividad con la que construimos los aderezos de este universo compartido. En las convenciones, el área de comerciantes y el callejón de artistas están llenos de artistas que ofrecen encargos (‘commissions’) o impresiones, y la subasta de arte (incluso en convenciones de tamaño medio) recolectan miles de dólares. Hay artistas fantásticos en el fandom creando arte con una calidad digna de cualquier galería, y los fans desde luego aprecian la calidad; pero la razón por la que los artistas prosperan en el fandom es que ilustran el universo en el que imaginamos a nuestros personajes, y los hacen reales. Buena parte del arte creada en el fandom son commissions personalizadas, y cualquier artista te contará haber dado su encargo a alguien a la vez que observaban su cara iluminarse de gozo al ver hecho realidad su personaje. Muchos fans tienen cuadernos llenos de bocetos, a menudo de su personaje, que enseñan a los demás con orgullo.

Mi grupo más querido, el de los escritores, en realidad se ha desarrollado ampliamente sólo en la última década. El furry es un fandom tan orientado a lo visual que, aunque siempre ha habido historias, la industria editorial ha quedado significativamente rezagada por detrás del arte visual y el fursuiting. Pero hay ya varias editoriales que publican para el fandom (Sofawolf y FurPlanet son las más conocidas; he trabajado para ambas), y un gran número de gente autopublica en forma de libro digital, o en alguno de los sitios web dedicados a la creatividad de sus usuarios. No hay tantas revistas de corte profesional como se pueden ver en el fandom de la ciencia ficción, pero nuestro fandom está generando antologías a un ritmo sorprendente. Tenemos una asociación de escritores, y dos premios literarios, modelados a partir de los Hugo Awards y los Nebula Awards, y este año vamos a tener nuestro primer retiro temático, taller de varios días donde practicar escritura (enlace⇒).

Algunas de las historias en nuestra comunidad son furries sólo porque nos encanta visualizar a esos personajes. Sin embargo, mucha gente usa la idea de una sociedad de gente animal para explorar problemáticas sociales como diferencias de clase, prejuicios, religión, o identidad, de maneras en las que sería más difícil con protagonistas humanos. Una serie tiene lugar en un mundo donde perros-persona domésticos y civilizados han colonizado tierras con animales-persona salvajes, indígenas, en el cual se abordan muchos problemas sobre colonización. He escrito muchas historias sobre hombres homosexuales que llegan a comprender y aceptar su sexualidad. Si escribiera sobre un hombre contemporáneo, tendría que asignarle una raza, una cultura, y un lugar geográfico que quizá no encaje con todos mis lectores. Pero cualquier joven homosexual puede identificarse con una nutria que intenta comprender por qué le atraen otros chicos animales, y de hecho muchos de mis lectores proceden de orígenes muy diversos alrededor del mundo.

El fandom furry tiene incluso una comunidad creciente de músicos. Es difícil definir qué es “música furry”, pero hasta el momento, la gente parece estar contenta con “música hecha por fans del furry”, y al fandom le encanta apoyar a los suyos en cualquier iniciativa creativa. Hay conciertos en la mayoría de las grandes convenciones, discos a la venta, y podcasts dedicados a mostrar nuevos artistas (el podcast ‘Fuzzy Notes!’ (enlace⇒) está ahora en pausa, pero se reanudará más adelante en 2016).

La generosidad de los fans se extiende más allá del fandom también. Las convenciones furries suelen recaudar dinero para ONGs, a menudo relacionadas con la atención y cuidado de especies animales con necesidades. Estas donaciones se han ido incrementando a medida que el fandom ha crecido, con una media de unos 200.000 dólares americanos en total en los últimos años.

Al igual que en el fandom de la ciencia ficción, los artistas experimentados, escritores, performers, y músicos, están encantados de compartir consejos con nuevos aspirantes; pero la forma en que lo hacen es un poco distinta. En las convenciones de ciencia ficción, los paneles de discusión son un campo de ideas: ‘La Cabezología y el Boffo, Personajes y Astucias de Mundodisco’ [cultura relacionada con la obra de Terry Pratchett], ‘Películas de Ciencia Ficción Pura y Dura: Escasas pero No Extintas’, ‘El Afrofuturismo en Cómics y Ciencia Ficción’, ‘Los Lazos entre el Romance, la Ciencia Ficción, y la Fantasía’ (todos estos eran paneles de discusión en la Sasquan, 2015) (enlace⇒). En las convenciones furries, las ideas son los personajes y las creaciones, y se intercambian entre la multitud, en el callejón de artistas, en las subastas de arte, y en los eventos de fursuiting. Los paneles de discusión de las convenciones se dirigen principalmente a aquellos que están empezando a practicar alguna actividad: ‘La Primera Vez que Se Hace Fursuiting’, ‘Arte: Curso Introductorio’, ‘Argumento y Estructura’ (todos estos eran paneles de la Anthrocon (enlace⇒), la mayor convención furry hasta el momento).

Si los nombres de estos paneles suenan como para un grupo de personas más jóvenes, no es totalmente incorrecto. El furry es un fandom joven, en varios sentidos de la palabra. En los últimos años, la gente ha empezado a documentar su historia desde mediados de los 80 hasta ahora. Se ha comparado el furry fandom ahora con el fandom de la ciencia ficción en los años 50, en cuanto a amplitud de mercado y la visión que tienen de ellos la sociedad general. Pero también es un fandom joven en cuanto a que la edad media de sus integrantes ronda los 20 años. Eso lo convierte en un contexto emocionante con esperanzas aparentemente ilimitadas para el futuro; el futuro del fandom me parece a mí muy prometedor. Empezando por celebrar una sola convención anual a principios de los 90 con un máximo de 1250 personas, el fandom ahora convoca más de 50 convenciones alrededor del mundo cada año, y una con 1250 asistentes no llegaría al top 10 (enlace⇒).*

Lo que me sorprende un poco es que 20 años después, puedo entrar en una sala de convención de Melbourne, Berlín, Hinckley (Reino Unido), Dallas, Pittsburgh, Chicago, San José, Minneapolis, Seattle, o Reno, y encontrar el mismo entusiasmo y espíritu acogedor que encontré en Orange County en 1993, en la primera convención furry que atendí. El fandom no está ausente de dramas, por supuesto, pero la mayoría no ha dejado que eso se interpusiera con nuestro objetivo común: hacer nuestra contribución a este universo poblado por animalitos peludos que creamos todos juntos.

Por cierto, volví a ver a Gary una vez más, en otra convención furry. Vino al stand y me dijo que tras la conversación que tuvimos la vez anterior, había buscado más sobre el fandom, y estaba disfrutando mucho de la convención. Algo más tarde, en otra convención furry distinta, Gary se acercó a mí, y su cambio de comportamiento, comparado con su previa actitud cautelosa y reservada, fue espectacular. Sonreía de oreja a oreja, algo agitado de alegría mientras me hablaba sobre el fursuit que había comprado. “Cuando lo compré”, me explicaba, “lo llamaba la mayor y mejor compra no necesaria que había hecho hasta el momento. Después de una semana, dejé de llamarla ‘no necesaria'”. Haber comprado el fursuit y haber encontrado su propio personaje le abrió un mundo con el que no había soñado nunca, liberándolo, permitiéndole ser más alegre, más social, más sí mismo. Incluso se había reconocido como furry frente a su hijo, que le apoyaba en su decisión y le acompañaba a algunas de las convenciones.

Gary todavía viene a muchas convenciones y quedadas locales; siendo sinceros, probablemente más que yo. Siempre nos saludamos y nos damos un abrazo cuando nos vemos, y nunca lo he visto sin esa enorme sonrisa en su cara. Diré ahora que no tengo ni idea de cuál es su auténtico nombre. Sólo lo conozco por su apodo furry, el que ha escogido para el fandom, y su especie animal. Y cada vez que lo veo, y veo a otros, pienso en el cambio que he llegado a ver en la gente, y me siento eufóricamente orgulloso de nuestro fandom.
 
 

* Nota: Si estás leyendo esto en los Estados Unidos, Europa, o Australia, lo más probable es que haya una convención no demasiado lejos de ti. Si sientes curiosidad, te animo a que la visites. La mayoría de convenciones tienen espacios públicos (como por ejemplo el vestíbulo del hotel), donde los asistentes pasan el rato y donde no hay que pagar para entrar. Puedes ver algunos de los fursuits, hablar con los fans, y vivir la convención de primera mano. Son divertidas, y a pesar de las apariencias, no mordemos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *